Solo la oscuridad y yo, solo las tinieblas y yo, solo lo inasequible y yo. O eso parecía, desde las entrañas de la dura opacidad de las tinieblas, desde lo que siempre ha estado y no se ha querido ver. Se intuye ahora la presencia de un nuevo ser, encerrado en un espejo, en un mundo de contrariedades implícitas y deformaciones de la realidad. Pero ahora el espejo ya no es duro y frio como el hielo, ahora ha mutado, ahora es puro, sereno y cristalino como el agua.
Ahora existe un sendero un puente entre lo humano y lo divino, entre mi persona y la eternidad, dentro del placer de morir y renacer, en medio de los silenciosos gritos a la oscuridad, que dispersan las espesura de los fantasmas enclaustrados y enmarañados, Ahora la luz penetra en la oscuridad e impregna el espacio de algo mágico, igual como "el sol con sus dedos de luz deja sobre las tierra blanda, húmeda y oscura la marca de los símbolos". Y las veladuras de los rayos del sol que entran por los ventanales recién abiertos permiten entrever formas suntuosamente insinuadas por la tímida luz.
Y me interno entre las abrumadoras penumbras de lo desconocido, ahora sin miedo esperando hallar respuestas, esperando construir algo de la nada, esperando poder visualizar lo invisible, esperando hallar con palabras lo que no es humanamente apreciable, Y el corazón se reviste de luminosidad, y el alma trasciende a nuevos horizontes con cada susurro a distancia.

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